Estoy llegando al final de mi vida, no sé con exactitud sin me quedan horas, dias, meses o pocos años.
Pero este blog tiene solo un propósito, enseñar a asumir el silencio metódico. Pero ¿Cuál es ese?
El que enseña cuando hablar y cuando callar.
Hasta no hace mucho tiempo yo era un parlanchin irremediable, "hablaba hasta por los codos", como dice el refranero popular.
Pero poco a poco me fui conscientizando del valor del silencio.
Alguna vez leí esto: APLICA EL SILENCIO METÓDICO.
Poco a poco lo fui implementadolo en mi vida, pero lo hice de una manera suave.
Aplico un silencio que casi siempre ante mis semejantes lleva solo una sonrisa.
Mis frases casi nunca pasan de cinco o diez palabras a lo sumo, teniendo, quizá, las mejores cosas que decir.
¿Qué descubrí?
Que una sola palabra mal dicha o mal interpretada por la otra persona es causa de sensibilidad en ella. Y esa sensibilidad trae consigo un cambio de actitud ante uno, ya esa persona no será la misma de antes. Se puede decir sin temor a errar que la amistad en el plus fondo de mi amigo/a se ha perdido.
¿Cuándo callar?
Se requiere, sobretodo, una gran capacidad de análisis y oir selectivamente para establecer con claridad si de debe hablar o no, y en este caso con que palabras que no causen daño.
¿Cuándo callar?
Cuando la gente le hace a uno preguntas, allí -en la respuesta-, está la solidificación de la amistad o el cierre de ella. Sino se está completamente seguro de las consecuencias de la respuesta, mejor no darla, responder con un amistoso gesto. O un "déjame pensar la respuesta y mas tarde te la responderé"
¿Cuándo callar?
Cuando el diálogo amenaza una discusión, discusión que en puja permanente se busca ganar informando todo lo que se sabe sobre el tema. Se termina enseñando y muy poco aprendiendo.
Si me dan la razón, pierdo Y sino la tengo, pierdo.
Si me dan la razón, el otro quedará resentido, porque casi nadie acepta la superioridad intelectual y la toma como una ofensa al preciado yo que lleva por delante.
Sino tengo la razón, pierdo porque quedaré en inferioridad de condiciones para siempre frente al contrincante.
De ahi un interesante principio que lei alguna vez:
NO ENSEÑE.
Esto suele tomarse, o quizá lo tomaría usted, como egoismo porque nadie se lleva lo que sabe. Si quiere enseñar, escriba un libro sobre el tema. Persona persona a persona, prefiera guardar silencio. Quiero decir que no muestre su experiencia, es letal hacerlo. Nadie aprende sino es por acción propia, la ajena rara veces la tiene en cuenta. Y si la oye por consideración muy dificilmente la aplica.
En una ocasión charle con una muchacha sobre el tema, así fue nuestra conversación:
- Hernando, dicen que hablar mucho es malo. ¿Eso es verdad?
- Depende de lo que hables, si lo haces de temas baladís que no toquen ni siquiera tangencialmente a la persona, puedes hacerlo-
- Si, es cierto, pero la gente por lo regular le pregunta a una que piensa de ésto, de aquello, cómo le parece lo que hizo tal persona, lo que me dijo, lo que comentó, etc. ¿Qué se debe hacer ahí?
- DEJAR VENIR DEJAR PASAR. Quiero decir que se pueden dar "conceptos" que no te compromentan. Alli se encasilla el cuando hablar. Si, claro, es necesario hablar, pero en términos neutros y de manera muy corta sin que tus emociones entren dentro del planteamiento.
- Bueno, y si la concretan a una ¿qué se hace?
- Aplicar el "déjame pensarlo", luego hablaremos de ello. Y cambiar inmediatamente el tema. Por ello es mejor oir.
- Yo por ejemplo, cuento las cosas que me pasan en el día cuando hablo con mi mamá, con mis hermanos, con mis amigas. ¿Será que es malo eso?
- Buena parte de la gente, mientras tu estás hablando, va astutamente calibrando la información, bien sea para guardarla,bien sea para no darle importancia. Por eso se dice que uno es más víctima de lo que habla que de lo que calla. Si, es cierto, puedes contar cosas, pero cosas que no sean usadas el dia de mañana contra ti. La gente guarda información, bien sea para difundirla o para, mas tarde, hacerte víctima de ella.
- Por lo regular, siempre cuento mis problemas buscando que la otra persona me aconseje.
- Nadie aconseja a nadie de manera neutral, siempre lo hace de acuerdo a la experiencia que haya tenido en la vida. Muy poca gente es imparcial "cuando dan consejos".
- Pero mi madre y mi padre me aconsejan, y son buenos los consejos.
- Y ¿cómo logras saber que son buenos? ¿Sería porque te dijeron lo que querías oír? Muchas veces los padres dan los consejos a sus hijos de acuerdo a su propia experiencia. Pero ten en cuenta que como se pensaba hace 20 años, no se piensa posiblemente ahora.Los tiempos cambian
sábado, 20 de junio de 2009
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